Madmoiselle Indépendence

El Sunday se llama Brunch-day en la metrópoli londinense, aquí en mi casa, el domingo se llama Sherlock y fitness, así que sin mis planes de gran ciudad  es inevitable que me pierda a pensar en mi último domingo en Londres: Ce y yo salimos a brunchear en el local de moda del Este de Londres, Breakfast club, donde o llegas temprano o mejor no llegues. Aclaro, brunch es la fusión del desayuno y el almuerzo anglosajón, ideado para las personas que no madrugan y celebrado, principalmente, los fines de semana. Y cuando las amigas se juntan enfrente de uno de esos brunch es inevitable acabar arreglando el mundo. Concluimos que el nuevo arte hacer dibujos  en los cafés es un don más que una técnica y que tal y como comprobamos esa mañana los mercados vintage huelen a posguerra mojada, lo cual debería corregirse en vistas a mejorar las ya buenas ventas.

Pero tras hablar de cafés y de ropa usada llegamos a un tema que nos hizo soltar la taza de café y reflexionarr: ¿Debe una mujer, que se considera feminista, elegir el trabajo antes que el amor?

Feminismo: Doctrina y movimiento social que pide para la mujer el reconocimiento de unas capacidades y unos derechos que tradicionalmente han estado reservados para los hombres.

Siguiendo el tenor literal de la descripción, las mujeres que nos consideramos feministas queremos que se nos reconozcan derechos y capacidades que han estado tradicionalmente reservadas a los hombres, pero eso no implica que tengamos que decidir lo que se supone que un hombre tradicionalmente hubiera elegido, ¿no?

¿Deberían las prioridades de una persona estar socialmente preestablecidas? ¿No es de hombres, ni tampoco de mujeres elegir el amor antes que el trabajo? ¿Debe el género marcar las prioridades de una persona?

Esta dicotomía es la adolescencia de muchas parejas de hoy en día, algo por lo que, quieras o no, vas a tener que pasar. Sobre todo las parejas formadas por jóvenes profesionales de diferentes nacionalidades, como Ce y su novio. ¿Francia o México? ¿Trabajo o Amor?

En un lado del ring está Ce, la liberté, egalité et fraternité, los croissants y Robespierre, en el otro, el novio mexicano de Ce, el tequila, las quesadillas y Zapata. Algo que aparentemente no es fácil de encajar, pero así es la vida y así es el amor, hermoso, ilógico, descabellado, inesperado y descaradamente irónico. Hasta el punto de que ella canta Natalia Lafourcade y él es fan de Benzema, pero sobre todo, él ama a Ce y Ce lo ama a él. El problema es el Atlántico y su maldita costumbre de interponerse entre los continentes, la riqueza cultural y sus diferentes idiomas y la dificultad y más que nada la pereza de saberlos todos. Problema que hace difícil que parejas euro-americanas, que se quieren puedan estar junta. Él tiene su trabajo en México y no habla francés y ella tiene más posibilidades de avanzar en su brillante carrera en Francia.

Aún así, ella me contaba que quiere irse a México pero al mismo tiempo siente que no debe «dejarlo todo» por un amor ¿Por qué ese TODO abarca la profesión y no las relaciones personales? ¿Por qué el hecho de renunciar a un amor por el trabajo no tiene esa nota de drama? ¿Acaso la profesión es más importante que las relaciones?¿Será que eso es lo correcto? Quizás en la búsqueda de eso correcto deberíamos cambiar de táctica y proponernos que el amor nos pague las facturas al igual que nos proponemos que el dinero nos haga felices.

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